sábado, 1 de septiembre de 2018

[Mesa para dos] Capítulo 1: ¿Te quedas a cenar?

Jessica caminaba con mucha prisa pero al mismo tiempo, con torpeza al punto de que tropezó con unas tres personas y casi dejaba caer el paquete que llevaba una vez. Los pies los sentía como dos bloques de cemento y no llevaba sus acostumbrados zapatos de cuña con los que asistía a dictar clases a la universidad. Llevaba un look más casual con el cabello recogido por una coleta, un abrigo para combatir el frío del invierno, unos jeans oscuros y unas zapatillas.

- Debe ser aquí. Exclamó esto mientras revisaba nuevamente la dirección que tenía escrita en un pequeño papel. Eran aproximadamente las seis y treinta de la tarde.

Era un edificio de unos cuatro pisos de color blanco y cuadrado como suele ser la acostumbrada arquitectura de este entonces toda sosa y simplona, con dos jardineras una a cada lado de la entrada y una puerta de vidrio.

- Disculpe señorita, ¿está buscando a alguien? Cuestionaba un señor de gran bigote pero de baja estatura con una gorra de vigilante.
- ¡Oh! Sí, me encuentro buscando al señor Caballero. Calle Las Palmeras 1406 ¿Verdad?
- Sí, claro. ¿Quiere que le anuncie que ha llegado de visita? señorita...
- Pereyra, Jessica Pereyra. Mucho gusto, pero no hará falta. La verdad es que vengo de sorpresa si no le molesta.
- Entiendo... pase usted. Dijo el hombrecito de poco más de un metro cincuenta mientras apuntaba al ascensor al final del pasillo.

Efectivamente, Jessica venía de sorpresa a visitar a Ernesto por lo que ni si quiera lo había llamado (o posiblemente eran sus nervios) para informarle de su repentina llegada a su hogar. Lo que ella buscaba era una conversación lo más casual y honesta posible con él. La campana del ascensor indicaba que llegó al tercer piso donde estaba el departamento.

- Bien Jessica, ya estás aquí. Recuerda lo que viniste repasando en el camino y has que valga la pena haber chocado con tanta gente en el camino. Balbuceaba mientras se acercaba a la puerta. Levantó su dedo y se disponía a tocar el timbre cerrando los ojos y rogando que él estuviese en casa. No escuchó que una voz estaba acercándose a la puerta.

- Vámonos Alfa. Hoy hay ofertas en el supermercado y ya no tenemos comida de perro. Dijo el joven mientras abría la puerta y miraba hacia atrás a su acompañante con la correa puesta corriendo hacia la puerta.

Lo segundo que vio Ernesto al voltear la mirada hacia adelante fue al fiel schnauzer lanzándose encima de la señorita que hasta hace poco estaba frente a la puerta con los ojos cerrado dejándose caer de la sorpresa.

- ¡¿Jessica?! ¿Te encuentras bien? Preguntaba el joven mientras ponía al pequeño can a un lado y le tendía la mano a la señorita.
- Sí, yo ehmm... descuida estoy bien, solo me sorprendió que este pequeño se lanzara encima mío. Afirmaba mientras se reincorporaba sosteniendo la mano de Ernesto.
- Sí, disculpa supongo que él también se sorprendió y por eso salió corriendo hacia ti.

Jessica más allá de estar molesta atinó a reirse un poco y acariciar a Alfa quien ya no se mostraba desconfiado con ella. Entonces comprendió que su plan quizás no funcionaría ya que él saldría con su pequeño compañero de piso.

- Por cierto Jess, ¿viniste a visitarme?
- Bueno, sí... perdón por no avisar que venía, volveré en otra ocasión si estas ocupado. La joven entonces se disponía a darse la media vuelta cuando la voz de Ernesto la llamó.
- Dime Jess, ¿Te gustaría quedarte a cenar? Sé que es repentino, más aun porque no sé el motivo de tu visita o el cómo supieste mi dirección, pero creo que este vino no debería desperdiciarse ¿verdad? Decía mientras sostenía la botella que rodó de la bolsa que llevaba Jessica y había olvidado recoger.

Memorias III - No es ni el cerebro ni el corazón, es tu estómago

Recuerdo escuchar llegar a mi tío muy enojado a casa y hablando con mi abuela de lo ocurrido esa tarde. Mi tía apareció en su trabajo para exigirle que se vendiera propiedades para darle a mi abuela "una mejor calidad de vida" como por ejemplo, un carro más moderno. Ello incluía vender el local donde él trabajaba, ¿realmente ella pensó las cosas que decía? ¿realmente se puede ser tan insensible y tonto para pedir algo así sin esperar que la persona reaccione mal y con justa razón? ¿una persona con educación profesional y que ha tenido de todo realmente puede ser tan tonto? He llegado a manejar la hipótesis de que aquellas personas acostumbradas a recibir todo fácil no hablan con el cerebro, ni siquiera con el corazón, ¡posiblemente sea el estómago con el que hablan!

Esa misma semana vino de visita una noche, yo me encontraba en la biblioteca haciendo la edición del vídeo en memoria de mi abuelo por lo que no me acerqué a la cocina hasta que me rugieron las tripas. Estando a pocos metros se le escuchaba llorando y diciendo que ella en realidad no buscaba enfrentarse a mi tío y tampoco quería vender la casa de mis abuelos para llevarla a vivir a un departamento finalizando con una hipócrita "no tengo nada de que preocuparme, mi alma esta en paz". Mi abuela como buena madre la consolaba pero también apañaba sin querer esa idea errada que lleva tiempo clamando al cielo.

Esta mañana llamó nuevamente al teléfono, mi madre le contestó a pesar de aquella personalidad de mierda que tiene mi tía. Desde casada, siempre viaja con el calvito de aquí allá como si el dinero sobrase y los negocios se puediesen mantener siempre a distancia. Mi estómago se revolvía cuando me enteré que llamó para pedir que la incluyan en el listado de personas que viajaban para hacer una obra benéfica. El padre de la iglesia que solicitó la ayuda insistió en pedir ayuda médica mas no voluntarios (categoría en la que cae ella supongo, siendo que ella en verdad solo deseaba viajar gratis). A pesar de ello aún así se empecinaba en que la incluyan frente al buen razonamiento del clérigo y culpaba a mi madre por no informarle antes para que ella fuese incluida de alguna manera.

Atrás quedaron esos días de películas y botanas, de salir al parque o ir en bicicleta. El único buen recuerdo que me queda de esa época es su perro que prefirió dejar a nuestro cuidado luego de casarse, quizás el único ser en este viejo castillo lleno de fotografías y memorias de una época mejor que se mantiene contento, siempre esta para nosotros y se mantiene ignaro de lo que lo rodea. A veces lo envidio, por una vez en mi vida quisiera ser un ignorante del mundo en lugar de ser un ser pensante que cae en la misma categoría de ser humano como aquella mujer.

Memorias II - La boda de aquella mujer

Al poco tiempo mi tía se enamoró de un compañero de clases, en qué época o qué colegio estudiaron vale muy poco recordar. Era un señor calvo que emanaba un aura de confianza y tranquilidad que al día de hoy me sigue dando mala espina. Gracias a esta relación comprobé algo muy cierto: el amor es ciego. Luego de una fuerte oposición de mi abuelo, que reconozco fue irracional, aceptó la idea de que se casara.

Llegado el día de la ceremonia, yo salí al compromiso nada más por compromiso e insistencia de mis tíos a quienes solo atinaba a decir una verdad a medias: "estoy ocupado". Era una ceremonia muy suntuosa y lujosa que me repugnaba en demasía. Todo muy pomposo, decorado, lleno de gente vanidosa y me preguntaba si de casualidad no vino el presidente también a perder el tiempo y aventarse un baile ridículo. Pero una ligera sonrisa estaba en mi rostro pues, aquella mujer se mudaría con su recién adquirido esposo. Pensé que la felicidad y la paz volverían a reinar, vaya tontería.

Ella estaba lejos pero venía de visita y más aún, llamaba por teléfono muchas veces solo para quejarse de lo "descuidados" que éramos con la casa o con mis abuelitos. Cosa poco comprensible pues nosotros hasta nos trasnochábamos por mis abuelos y trabajábamos duro para apoyar con los gastos. Ahí me di cuenta de otra verdad: todo lo que crees es una mentira si solo vienes una vez a la semana o al mes de visita, esto aplica tanto para ella como para mi yo infante. Todo era divertido y lindo cuando venía de visita pero no era cierto y para ella todo estaba mal cuando no era así.

Pasó el tiempo y lamentablemente falleció mi abuelito. Ella sollozaba al igual que todos y expresó su deseo de "unión", "amor" y "paz" para la familia. Tanto así que pidió perdón a mis tíos y mi padre (con quien tenía una riña) frente al féretro de mi abuelo. Debo ser muy ingenuo la verdad, nuevamente pensé que ella decía la verdad y luego del dolor de nuestra pérdida, podríamos resurgir como familia. Ya saben por donde van los tiros.

Memorias I - El ingénuo yo del pasado

Hoy se me dio por hacer una pequeña memoria, una historia de ilusión e ingenuidad típica de un niño o tal vez sea la historia de cómo los transtornos psicológicos terminan por aflorar y dominar a las personas con el paso del tiempo. Dudo que sea esto último ya que no tengo conocimiento en el área así que diré que son demonios internos en lugar de transtornos.

Solo tengo recuerdos desde los 4 años aproximadamente, así que calculo que fue en esos años donde quería mucho a mi tía. Era cariñosa y mimosa, ahora que lo pienso debe ser porque yo era pequeño y ella una solterona sin hijos. Yo la quería y me gustaba visitar a mis abuelos  y a mi tía los fines de semana, era genial ver películas y comer botanas en las noches o salir a montar en bicicleta o ir a pasear los domingos.

Nos llevabamos tan bien que dije una sandez muy estúpida, tanto así que esta en el segundo lugar de cosas estúpidas que he dicho en mi vida: "quisiera que fueses mi mamá". Así es, dije algo muy estúpido que se vuelve más estúpido con el pasar del tiempo. Ella como dije era muy dulce y consentidora mientras mi madre yo la veia estricta y recta. Debí ser un niño muy estúpido o quizas fue la inocencia de aquella época.

Pasaron los años y luego de vivir 5 años en provincia volví a la capital a vivir con mis abuelos y mi tía por supuesto. Nos llevabamos bien aún, toda mi familia fue determinante para que lograra ingresar a la universidad por ser mi apoyo en épocas difíciles de esas cuando se fracasa al intentar ingresar. No tenía mucho pero era feliz y agradecido por lo que tenía.

Pero con el pasar del tiempo aquella visión que tenía de mi tía se fue deformando. Nunca supe ni quise saber que le pasó (algo dentro de mí penso que era la menospausia, a pesar de mi inclinación por la informática me gustaba recurrir a la biología) pero ella se volvió hermética, solitaria, egoísta y egocéntrica. "Yo" era el pronombre que más usaba cuando discutía con mi madre, sus hermanos y hasta mis abuelos. Todo era un conjunto de quejas y reclamos donde ella se victimizaba de lo mal que estaba por culpa de otros o como ella se encargaba de todo (falso por cierto) en casa.

Todo eso afecto a la familia con el tiempo, en especial a mi mamá porque la hizo llorar en uno de sus extensos soliloquios victimarios y sus estúpidos reclamos. Desde aquel instante rompí lazos con ella y me di cuenta de algo: mi tía se dejo absorber por demonios internos, su sentimiento de inferioridad hacia otros y el pensamiento de que ella estaba en lo correcto y todos los demás estábamos mal. Esto era algo que ella llevaba cargando con el pasar del tiempo y explotó de manera muy enérgica al punto de cambiar su personalidad. Ya en este punto, casi todos la aborrecíamos.