Hoy se me dio por hacer una pequeña memoria, una historia de
ilusión e ingenuidad típica de un niño o tal vez sea la historia de cómo
los transtornos psicológicos terminan por aflorar y dominar a las
personas con el paso del tiempo. Dudo que sea esto último ya que no
tengo conocimiento en el área así que diré que son demonios internos en
lugar de transtornos.
Solo tengo recuerdos
desde los 4 años aproximadamente, así que calculo que fue en esos años
donde quería mucho a mi tía. Era cariñosa y mimosa, ahora que lo pienso
debe ser porque yo era pequeño y ella una solterona sin hijos. Yo la
quería y me gustaba visitar a mis abuelos y a mi tía los fines de
semana, era genial ver películas y comer botanas en las noches o salir a
montar en bicicleta o ir a pasear los domingos.
Nos
llevabamos tan bien que dije una sandez muy estúpida, tanto así que
esta en el segundo lugar de cosas estúpidas que he dicho en mi vida:
"quisiera que fueses mi mamá". Así es, dije algo muy estúpido que se
vuelve más
estúpido
con el pasar del tiempo. Ella como dije era muy dulce y consentidora
mientras mi madre yo la veia estricta y recta. Debí ser un niño muy
estúpido o quizas fue la inocencia de aquella época.
Pasaron
los años y luego de vivir 5 años en provincia volví a la capital a
vivir con mis abuelos y mi tía por supuesto. Nos llevabamos bien aún,
toda mi familia fue determinante para que lograra ingresar a la
universidad por ser mi apoyo en épocas difíciles de esas cuando se
fracasa al intentar ingresar. No tenía mucho pero era feliz y agradecido
por lo que tenía.
Pero con el pasar del tiempo
aquella visión que tenía de mi tía se fue deformando. Nunca supe ni
quise saber que le pasó (algo dentro de mí penso que era la menospausia,
a pesar de mi inclinación por la informática me gustaba recurrir a la
biología) pero ella se volvió hermética, solitaria, egoísta y
egocéntrica. "Yo" era el pronombre que más usaba cuando discutía con mi
madre, sus hermanos y hasta mis abuelos. Todo era un conjunto de quejas y
reclamos donde ella se victimizaba de lo mal que estaba por culpa de
otros o como ella se encargaba de todo (falso por cierto) en casa.
Todo
eso afecto a la familia con el tiempo, en especial a mi mamá porque la
hizo llorar en uno de sus extensos soliloquios victimarios y sus
estúpidos reclamos. Desde aquel instante rompí lazos con ella y me di
cuenta de algo: mi tía se dejo absorber por demonios internos, su
sentimiento de inferioridad hacia otros y el pensamiento de que ella
estaba en lo correcto y todos los demás estábamos mal. Esto era algo que
ella llevaba cargando con el pasar del tiempo y explotó de manera muy
enérgica al punto de cambiar su personalidad. Ya en este punto, casi
todos la aborrecíamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario