sábado, 1 de septiembre de 2018

Memorias I - El ingénuo yo del pasado

Hoy se me dio por hacer una pequeña memoria, una historia de ilusión e ingenuidad típica de un niño o tal vez sea la historia de cómo los transtornos psicológicos terminan por aflorar y dominar a las personas con el paso del tiempo. Dudo que sea esto último ya que no tengo conocimiento en el área así que diré que son demonios internos en lugar de transtornos.

Solo tengo recuerdos desde los 4 años aproximadamente, así que calculo que fue en esos años donde quería mucho a mi tía. Era cariñosa y mimosa, ahora que lo pienso debe ser porque yo era pequeño y ella una solterona sin hijos. Yo la quería y me gustaba visitar a mis abuelos  y a mi tía los fines de semana, era genial ver películas y comer botanas en las noches o salir a montar en bicicleta o ir a pasear los domingos.

Nos llevabamos tan bien que dije una sandez muy estúpida, tanto así que esta en el segundo lugar de cosas estúpidas que he dicho en mi vida: "quisiera que fueses mi mamá". Así es, dije algo muy estúpido que se vuelve más estúpido con el pasar del tiempo. Ella como dije era muy dulce y consentidora mientras mi madre yo la veia estricta y recta. Debí ser un niño muy estúpido o quizas fue la inocencia de aquella época.

Pasaron los años y luego de vivir 5 años en provincia volví a la capital a vivir con mis abuelos y mi tía por supuesto. Nos llevabamos bien aún, toda mi familia fue determinante para que lograra ingresar a la universidad por ser mi apoyo en épocas difíciles de esas cuando se fracasa al intentar ingresar. No tenía mucho pero era feliz y agradecido por lo que tenía.

Pero con el pasar del tiempo aquella visión que tenía de mi tía se fue deformando. Nunca supe ni quise saber que le pasó (algo dentro de mí penso que era la menospausia, a pesar de mi inclinación por la informática me gustaba recurrir a la biología) pero ella se volvió hermética, solitaria, egoísta y egocéntrica. "Yo" era el pronombre que más usaba cuando discutía con mi madre, sus hermanos y hasta mis abuelos. Todo era un conjunto de quejas y reclamos donde ella se victimizaba de lo mal que estaba por culpa de otros o como ella se encargaba de todo (falso por cierto) en casa.

Todo eso afecto a la familia con el tiempo, en especial a mi mamá porque la hizo llorar en uno de sus extensos soliloquios victimarios y sus estúpidos reclamos. Desde aquel instante rompí lazos con ella y me di cuenta de algo: mi tía se dejo absorber por demonios internos, su sentimiento de inferioridad hacia otros y el pensamiento de que ella estaba en lo correcto y todos los demás estábamos mal. Esto era algo que ella llevaba cargando con el pasar del tiempo y explotó de manera muy enérgica al punto de cambiar su personalidad. Ya en este punto, casi todos la aborrecíamos.

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