Jessica caminaba con mucha prisa pero al mismo tiempo, con torpeza al punto de que tropezó con unas tres personas y casi dejaba caer el paquete que llevaba una vez. Los pies los sentía como dos bloques de cemento y no llevaba sus acostumbrados zapatos de cuña con los que asistía a dictar clases a la universidad. Llevaba un look más casual con el cabello recogido por una coleta, un abrigo para combatir el frío del invierno, unos jeans oscuros y unas zapatillas.
- Debe ser aquí. Exclamó esto mientras revisaba nuevamente la dirección que tenía escrita en un pequeño papel. Eran aproximadamente las seis y treinta de la tarde.
Era un edificio de unos cuatro pisos de color blanco y cuadrado como suele ser la acostumbrada arquitectura de este entonces toda sosa y simplona, con dos jardineras una a cada lado de la entrada y una puerta de vidrio.
- Disculpe señorita, ¿está buscando a alguien? Cuestionaba un señor de gran bigote pero de baja estatura con una gorra de vigilante.
- ¡Oh! Sí, me encuentro buscando al señor Caballero. Calle Las Palmeras 1406 ¿Verdad?
- Sí, claro. ¿Quiere que le anuncie que ha llegado de visita? señorita...
- Pereyra, Jessica Pereyra. Mucho gusto, pero no hará falta. La verdad es que vengo de sorpresa si no le molesta.
- Entiendo... pase usted. Dijo el hombrecito de poco más de un metro cincuenta mientras apuntaba al ascensor al final del pasillo.
Efectivamente, Jessica venía de sorpresa a visitar a Ernesto por lo que ni si quiera lo había llamado (o posiblemente eran sus nervios) para informarle de su repentina llegada a su hogar. Lo que ella buscaba era una conversación lo más casual y honesta posible con él. La campana del ascensor indicaba que llegó al tercer piso donde estaba el departamento.
- Bien Jessica, ya estás aquí. Recuerda lo que viniste repasando en el camino y has que valga la pena haber chocado con tanta gente en el camino. Balbuceaba mientras se acercaba a la puerta. Levantó su dedo y se disponía a tocar el timbre cerrando los ojos y rogando que él estuviese en casa. No escuchó que una voz estaba acercándose a la puerta.
- Vámonos Alfa. Hoy hay ofertas en el supermercado y ya no tenemos comida de perro. Dijo el joven mientras abría la puerta y miraba hacia atrás a su acompañante con la correa puesta corriendo hacia la puerta.
Lo segundo que vio Ernesto al voltear la mirada hacia adelante fue al fiel schnauzer lanzándose encima de la señorita que hasta hace poco estaba frente a la puerta con los ojos cerrado dejándose caer de la sorpresa.
- ¡¿Jessica?! ¿Te encuentras bien? Preguntaba el joven mientras ponía al pequeño can a un lado y le tendía la mano a la señorita.
- Sí, yo ehmm... descuida estoy bien, solo me sorprendió que este pequeño se lanzara encima mío. Afirmaba mientras se reincorporaba sosteniendo la mano de Ernesto.
- Sí, disculpa supongo que él también se sorprendió y por eso salió corriendo hacia ti.
Jessica más allá de estar molesta atinó a reirse un poco y acariciar a Alfa quien ya no se mostraba desconfiado con ella. Entonces comprendió que su plan quizás no funcionaría ya que él saldría con su pequeño compañero de piso.
- Por cierto Jess, ¿viniste a visitarme?
- Bueno, sí... perdón por no avisar que venía, volveré en otra ocasión si estas ocupado. La joven entonces se disponía a darse la media vuelta cuando la voz de Ernesto la llamó.
- Dime Jess, ¿Te gustaría quedarte a cenar? Sé que es repentino, más aun porque no sé el motivo de tu visita o el cómo supieste mi dirección, pero creo que este vino no debería desperdiciarse ¿verdad? Decía mientras sostenía la botella que rodó de la bolsa que llevaba Jessica y había olvidado recoger.
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