sábado, 1 de septiembre de 2018

Memorias II - La boda de aquella mujer

Al poco tiempo mi tía se enamoró de un compañero de clases, en qué época o qué colegio estudiaron vale muy poco recordar. Era un señor calvo que emanaba un aura de confianza y tranquilidad que al día de hoy me sigue dando mala espina. Gracias a esta relación comprobé algo muy cierto: el amor es ciego. Luego de una fuerte oposición de mi abuelo, que reconozco fue irracional, aceptó la idea de que se casara.

Llegado el día de la ceremonia, yo salí al compromiso nada más por compromiso e insistencia de mis tíos a quienes solo atinaba a decir una verdad a medias: "estoy ocupado". Era una ceremonia muy suntuosa y lujosa que me repugnaba en demasía. Todo muy pomposo, decorado, lleno de gente vanidosa y me preguntaba si de casualidad no vino el presidente también a perder el tiempo y aventarse un baile ridículo. Pero una ligera sonrisa estaba en mi rostro pues, aquella mujer se mudaría con su recién adquirido esposo. Pensé que la felicidad y la paz volverían a reinar, vaya tontería.

Ella estaba lejos pero venía de visita y más aún, llamaba por teléfono muchas veces solo para quejarse de lo "descuidados" que éramos con la casa o con mis abuelitos. Cosa poco comprensible pues nosotros hasta nos trasnochábamos por mis abuelos y trabajábamos duro para apoyar con los gastos. Ahí me di cuenta de otra verdad: todo lo que crees es una mentira si solo vienes una vez a la semana o al mes de visita, esto aplica tanto para ella como para mi yo infante. Todo era divertido y lindo cuando venía de visita pero no era cierto y para ella todo estaba mal cuando no era así.

Pasó el tiempo y lamentablemente falleció mi abuelito. Ella sollozaba al igual que todos y expresó su deseo de "unión", "amor" y "paz" para la familia. Tanto así que pidió perdón a mis tíos y mi padre (con quien tenía una riña) frente al féretro de mi abuelo. Debo ser muy ingenuo la verdad, nuevamente pensé que ella decía la verdad y luego del dolor de nuestra pérdida, podríamos resurgir como familia. Ya saben por donde van los tiros.

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