sábado, 1 de septiembre de 2018

Memorias III - No es ni el cerebro ni el corazón, es tu estómago

Recuerdo escuchar llegar a mi tío muy enojado a casa y hablando con mi abuela de lo ocurrido esa tarde. Mi tía apareció en su trabajo para exigirle que se vendiera propiedades para darle a mi abuela "una mejor calidad de vida" como por ejemplo, un carro más moderno. Ello incluía vender el local donde él trabajaba, ¿realmente ella pensó las cosas que decía? ¿realmente se puede ser tan insensible y tonto para pedir algo así sin esperar que la persona reaccione mal y con justa razón? ¿una persona con educación profesional y que ha tenido de todo realmente puede ser tan tonto? He llegado a manejar la hipótesis de que aquellas personas acostumbradas a recibir todo fácil no hablan con el cerebro, ni siquiera con el corazón, ¡posiblemente sea el estómago con el que hablan!

Esa misma semana vino de visita una noche, yo me encontraba en la biblioteca haciendo la edición del vídeo en memoria de mi abuelo por lo que no me acerqué a la cocina hasta que me rugieron las tripas. Estando a pocos metros se le escuchaba llorando y diciendo que ella en realidad no buscaba enfrentarse a mi tío y tampoco quería vender la casa de mis abuelos para llevarla a vivir a un departamento finalizando con una hipócrita "no tengo nada de que preocuparme, mi alma esta en paz". Mi abuela como buena madre la consolaba pero también apañaba sin querer esa idea errada que lleva tiempo clamando al cielo.

Esta mañana llamó nuevamente al teléfono, mi madre le contestó a pesar de aquella personalidad de mierda que tiene mi tía. Desde casada, siempre viaja con el calvito de aquí allá como si el dinero sobrase y los negocios se puediesen mantener siempre a distancia. Mi estómago se revolvía cuando me enteré que llamó para pedir que la incluyan en el listado de personas que viajaban para hacer una obra benéfica. El padre de la iglesia que solicitó la ayuda insistió en pedir ayuda médica mas no voluntarios (categoría en la que cae ella supongo, siendo que ella en verdad solo deseaba viajar gratis). A pesar de ello aún así se empecinaba en que la incluyan frente al buen razonamiento del clérigo y culpaba a mi madre por no informarle antes para que ella fuese incluida de alguna manera.

Atrás quedaron esos días de películas y botanas, de salir al parque o ir en bicicleta. El único buen recuerdo que me queda de esa época es su perro que prefirió dejar a nuestro cuidado luego de casarse, quizás el único ser en este viejo castillo lleno de fotografías y memorias de una época mejor que se mantiene contento, siempre esta para nosotros y se mantiene ignaro de lo que lo rodea. A veces lo envidio, por una vez en mi vida quisiera ser un ignorante del mundo en lugar de ser un ser pensante que cae en la misma categoría de ser humano como aquella mujer.

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