Recuerdo escuchar llegar a mi tío muy enojado a casa y hablando con
mi abuela de lo ocurrido esa tarde. Mi tía apareció en su trabajo para
exigirle que se vendiera propiedades para darle a mi abuela "una mejor
calidad de vida" como por ejemplo, un carro más moderno. Ello incluía
vender el local donde él trabajaba, ¿realmente ella pensó las cosas que
decía? ¿realmente se puede ser tan insensible y tonto para pedir algo
así sin esperar que la persona reaccione mal y con justa razón? ¿una persona con educación
profesional y que ha tenido de todo realmente puede ser tan tonto? He
llegado a manejar la hipótesis de que aquellas personas
acostumbradas a recibir todo fácil no hablan con el cerebro, ni siquiera
con el corazón, ¡posiblemente sea el estómago con el que hablan!
Esa
misma semana vino de visita una noche, yo me encontraba en la
biblioteca haciendo la edición del vídeo en memoria de mi abuelo por lo
que no me acerqué a la cocina hasta que me rugieron las tripas. Estando a
pocos metros se le escuchaba llorando y diciendo que ella en realidad
no buscaba enfrentarse a mi tío y tampoco quería vender la casa de mis
abuelos para llevarla a vivir a un departamento finalizando con una
hipócrita "no tengo nada de que preocuparme, mi alma esta en paz". Mi
abuela como buena madre la consolaba pero también apañaba sin querer esa
idea errada que lleva tiempo clamando al cielo.
Esta
mañana llamó nuevamente al teléfono, mi madre le contestó a pesar de
aquella personalidad de mierda que tiene mi tía. Desde casada, siempre
viaja con el calvito de aquí allá como si el dinero sobrase y los
negocios se puediesen mantener siempre a distancia. Mi estómago se
revolvía cuando me enteré que llamó para pedir que la incluyan en el
listado de personas que viajaban para hacer una obra benéfica. El padre
de la iglesia que solicitó la ayuda insistió en pedir ayuda médica mas
no voluntarios (categoría en la que cae ella supongo, siendo que ella en
verdad solo deseaba viajar gratis). A pesar de ello aún así se
empecinaba en que la incluyan frente al buen razonamiento del clérigo y
culpaba a mi madre por no informarle antes para que ella fuese incluida
de alguna manera.
Atrás quedaron esos días de películas y botanas, de salir al parque o ir
en bicicleta. El único buen recuerdo que me queda de esa época es su
perro que prefirió dejar a nuestro cuidado luego de casarse, quizás el
único ser en este viejo castillo lleno de fotografías y memorias de una
época mejor que se mantiene contento, siempre esta para nosotros y se
mantiene ignaro de lo que lo rodea. A veces lo envidio, por una vez en
mi vida quisiera ser un ignorante del mundo en lugar de ser un ser
pensante que cae en la misma categoría de ser humano como aquella mujer.
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